El 1 de agosto de 2026, Vattenfall InCharge empezó a instalar en los Países Bajos puntos de recarga públicos cuyas plazas de aparcamiento no están reservadas a los coches eléctricos. Quien llegue en un coche de gasolina o diésel puede aparcar en una de ellas, dejar el vehículo allí todo el día y no enfrentarse a ninguna sanción, porque en estas ubicaciones no hay ninguna norma que incumplir.
El proyecto piloto abarca 19 municipios de Noord-Brabant y Limburg: Alphen-Chaam, Asten, Baarle-Nassau, Bergen op Zoom, Eersel, Etten-Leur, Geldrop-Mierlo, Gilze en Rijen, Goirle, Landgraaf, Moerdijk, Oisterwijk, Oosterhout, Reusel-de Mierden, Tilburg, Valkenswaard, Vught, Weert y Zundert. Vattenfall instalará 150 de estos postes compartidos entre agosto de 2026 y enero de 2027, junto a un grupo de control de 150 puntos de recarga convencionales en los que la plaza sigue reservada a los vehículos que cargan.
Por qué una plaza de recarga tarda tanto en crearse
Reservar una plaza de aparcamiento pública para vehículos eléctricos en los Países Bajos no es cuestión de pintar el asfalto. Exige un verkeersbesluit — una decisión formal de tráfico que debe publicarse y contra la que los vecinos pueden presentar alegaciones. Cada plaza es un procedimiento propio con sus propios plazos, y cualquier vecino molesto por perder un sitio para aparcar puede impugnarla.
Renunciar a la reserva elimina ese paso por completo. Un ayuntamiento puede colocar un punto de recarga en la calle sin tramitar antes el procedimiento que convierte la plaza en un espacio exclusivo para vehículos eléctricos. La premisa que se pone a prueba es contundente: si lo que frena el despliegue es el papeleo, quítese el papeleo y los cargadores llegarán antes.
Las dos ramas del ensayo se diferencian exactamente en un aspecto.
| Plazas compartidas | Grupo de control | |
|---|---|---|
| Puntos de recarga | 150 | 150 |
| Plaza reservada a vehículos eléctricos | No | Sí |
| Decisión de tráfico necesaria | No | Sí |
| Coche de gasolina aparcado | Legal | Infracción sancionable |
Se emplean dos variantes físicas para señalizar los postes compartidos —señalización de tráfico adaptada o placas de recarga integradas en la plaza— para que el operador vea cuál de las dos interpretan mejor los conductores.
A qué renuncian los propietarios de eléctricos
El coste recae de lleno en el propietario del coche eléctrico. En un poste compartido, llegar y encontrarse un familiar diésel ocupando la plaza no es algo sobre lo que un agente de movilidad pueda actuar. No hay prioridad, ni multa, ni grúa. Para los conductores neerlandeses sin garaje ni entrada propia —justo las personas para las que existe la recarga en la vía pública— es una pérdida real, y por eso la idea ha resultado polémica desde que se planteó.
Lo que pueden recibir a cambio son más postes y antes. Un punto de recarga que existe y que a veces está bloqueado puede seguir valiendo más que uno reservado que pasa nueve meses en un procedimiento de alegaciones.
Qué se va a medir
Vattenfall y las dos provincias harán seguimiento del uso real de las plazas, de si los puntos de recarga siguen disponibles cuando los conductores los necesitan, de cuántas quejas presentan los vecinos y —el objetivo de todo el ejercicio— de si el despliegue avanza realmente más rápido sin la decisión de tráfico.
«Este proyecto piloto nos ayuda a entender cómo funcionan en la práctica los espacios compartidos de recarga y aparcamiento», afirmó Alied Wessels Boer, directora de Vattenfall InCharge.
El seguimiento se prolongará durante meses después de instalar el último poste, así que no habrá veredicto hasta bien entrado 2027. Si las plazas compartidas se llenan de coches de combustión, la respuesta será fácil. Si no ocurre, otros países europeos con el mismo cuello de botella administrativo tendrán una solución barata que merecerá la pena copiar.